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ACERCA DE LOS ENFOQUES FILOSÓFICO-HERMENÉUTICOS

Por Iván Villanueva Jordán

Como plantean Campos y Ortega (2005), «no tiene sentido […] pretender que la Traductología tiene como fecha de nacimiento, como defienden algunos, el momento en el que se le otorga a la “traducción e interpretación” el estatuto de “área de conocimiento independiente” en el panorama universitario, nacional o internacional». En la medida que los enfoques que han surgido para abordar el fenómeno de la traducción se dieron de manera previa o paralela a la constitución de la disciplina, el influjo de la lingüística, la filología y las distintas corrientes de pensamiento resultaron pertinentes y valiosas para la consolidación de la traductología. Los enfoques y escuelas que han nutrido la reflexión en torno a la traducción son diversos debido a que el fenómeno de la traducción requiere de distintas perspectivas para que pueda ser estudiado de forma tentativamente cabal. Una necesidad de este tipo conlleva un avance de la mano de propuestas de otras disciplinas (de ahí la característica interdisciplinar) que problematizan la traducción mediante nuevas categorías teóricas y cuestiones prácticas que conducen a la traductología a conocer sus límites (una imagen propuesta por África Vidal en 2005).

         Hurtado (2001) agrupa bajo la etiqueta enfoques filosófico-hermenéuticos, las propuestas de distintos autores que se referían a la traducción a partir de la filosofía, la hermenéutica o de los discursos posestructuralistas. Lo valioso de estas perspectivas es el influjo que han podido brindar desde espacios que se alejan de las disciplinas, como espacios clausurados (según la jerga derridiana), y revisan los planteamientos de base (epistemológicos) de la Traductología. Malmkjaer (2010) propone que esta perspectiva alejada de los temas disciplinados, la de la filosofía de la traducción, es productiva en la medida que se desarrolle de manera conjunta a la Traductología (Translation Studies): «The philosophy of translation shows us that translation is always possible; but Translation Studies shows what else, apart from translation, is involved in translation». Aunque la autora desconoce que Holmes (1972) sí propuso la existencia de un ámbito de reflexión sobre los propios avances de los estudios teóricos y aplicados (que denominó metateoría) de la Traductología, pero que Toury (1995) no incluye en su diagrama de la disciplina (como tampoco la historia de la traducción), es necesario prestar atención a la insistencia de Malmkjaer para que la presencia de la filosofía de la traducción se haga efectiva en la constitución de la traductología.

         Entre los enfoques filosófico-hermenéuticos, son dos las contribuciones a las que me referiré ahora: el desplazamiento hermenéutico de Gerge Steiner y las propuestas de deconstruccionistas de Jacques Derrida (mediante la lectura de África Vidal). Lo que deseo hacer es plantear cuáles son las diferencias entre ambos planteamientos y mencionar algunos puntos en común de estas formas de comprender la traducción. Entre la hermenéutica de la traducción y la deconstrucción de la traducción, existe una gran distancia con respecto a lo que se entiende por significado. La hermeneútica implica la posibilidad de que el traductor conciba el texto como un todo y pueda extraer de éste un significado (Stolze 2003). Este asir el significado, que podría comprenderse como la fase de comprensión de la traslación, es el centro de las posturas hermenéuticas de la traducción. Sin embargo, en el caso de Steiner (1975) extraer el significado del texto cuenta con un correlato en la reexpresión de aquello que se ha extraído. Para Steiner el desplazamiento hermenéutico sólo se ve completo cuando el traductor ha compensado la violencia ejercida sobre el texto fuente mediante la incorporación y reexpresión del don (utilizo esta palabra por la referencia que Steiner hace a Lévi-Strauss) en el texto meta; este don marcará la razón de ser de la traducción: la posibilidad de sobrepasar el texto fuente o la de ser sólo un puente para que el lector aprecie todo el valor del texto fuente.

         El desplazamiento hermenéutico plantea que existe algo que va a poder desplazarse del texto fuente al texto meta; Stolze y Malmkjaer sontendrían que esto tiene que ver con el núcleo informativo del texto o los conceptos que subyacen a la expresión respectivamente. Sin embargo, la deconstrucción de la traducción se basa en la idea de que todo significado se encuentra siempre en fuga, por su calidad de ser siempre diferido y diferente (relativo a la différance). Lo que prevalece es el significante, la parte material del signo debido a su capacidad convocadora de múltiples significados. Para Derrida, como plantea Vidal (1995), la traducción es una reescritura que logra extraer aquellos significados diversos de los significantes en un texto; la traducción tiene un carácter que potencia la capacidad de significación. La traducción es tan válida como cualquier otro tipo de producción de textos, debido a que toda (re)producción se basa en una red de intertextualidad (todo texto remite a otro). Vidal (1995) plantea que «no se trata de que la traducción pase a primer plano y de que el traductor se convierta en autor sino de subvertir los conceptos de originalidad y autoría que subordinan la traducción al texto original». Comprender que no existe original conlleva comprender que la traducción es valiosa por sí misma, deja atrás las nociones de pertenencia o autoría (como en «¿Qué es un autor?» de Foucault) y revalora el papel privilegiado de los lectores (como en «La muerte del autor» de Barthes).

         Sin embargo, a pesar de la creencia hermenéutica en un núcleo significativo y su refutación por parte de la deconstrucción («there is no kernel»), en ambas posturas prevalece la posibilidad de que el texto traducido trascienda el texto original y continúe la vida del pre-texto (el texto fuente). Tanto Steiner como Derrida (basado en Walter Benjamin) creen que la traducción puede establecer nuevos caminos mediante los que el texto seguirá comunicando.

Obras mencionadas

Campos Plaza, Nicolás y Emilio Ortega Arjonilla (2005) Panorama de lingüística y traductología.Cuenca: Atrio.

Hurtado Albir, Amparo (2001) Traducción y Traductología. Introducción a la Traductología. Madrid: Cátedra.

Malmkjaer, Kirsten (2010) «The Nature, Place and Role of Philosophy of Translation in Translation Studies». En Rebecca Hyde Parker, Karla L. Guadarrama Garcia y Antoinette Fawcett (editoras). Translation: Theory and Practice in Dialogue. London: Continuum, 2010.

Vidal Claramonte, Maria del Carmen África (1995) Traducción, manipulación, deconstrucción. Salamanca: Ediciones del Colegio de España.

Stolze, Radegundis (2003) «The Hermeneutic Approach in Translation».

Steiner, George (2001) Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción. México: Fondo de Cultura Económica.

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Paratraducción y traductopías (extraido del dossier del Primer Taller de Inducción a la Paratraducción). Estudios de Traducción y Cine
 
Desde nuestra concepción de la Traductología, los denominados Translation Studies constituyen una corriente de estudios teóricos-descriptivos cuyas principales disciplinas de información han sido las humanidades y las ciencias sociales, articuladas en torno a la cuestión fundamental de la traducción: el transvase lingüístico.[1]Mediante los Translation Studies (y aquí nos referimos a las diferentes posturas teóricas que iniciaron la corriente), las posibilidades de investigación relacionada con textos traducidos se diversificaron. Así, las décadas del ochenta, noventa y la del inicio del nuevo siglo fueron propicias para la creación de nuevas categorías de análisis que dejaban atrás el problemático y agotado concepto de la equivalencia. Por otro lado, los textos meta asumían mayor relevancia en la medida que sus diferencias con los textos fuente dejaban de calificarse como incorrecciones y comenzaban a constituir pruebas de que todo acto de traducción implica manipulación –sentencia de Theo Hermans que podríamos asumir como el primer universal de nuestra actividad profesional y académica–.
         Creemos que los desarrollos traductológicos a partir de las humanidades y las ciencias sociales se iniciaron con el fin de descubrir los procesos de creación o producción de elementos culturales, así como estudiar su valoración relacionada al impacto en los nuevos espacios receptores (por ello, el desplazamiento del enfoque desde los textos originales hacia el otro polo de la traducción); entonces se dejó de pensar que los textos eran elementos autosuficientes para su propia comprensión o para la explicación de los cambios que surgían a través de la traduccióny y que siempre habían desbordado las consideraciones eminentemente lingüísticas. La interdisciplinariedad de la traducción comenzó a hacerse tangente a partir de la década del 1970. La necesidad de comenzar a sentar bases para el surgimiento último de la Traductología predominó sobre el temor de que ésta sea absorbida por una disciplina que se encontraba mejor posicionada respecto a los estándares científicos. No obstante, la (re)afirmación de su carácter interdisciplinar hizo posible que la Traductología existiera de manera independiente y que se afirmara que la traducción no era sólo lingüística, sino que también era lingüística, así como era cada una de las otras disciplinas que habían colaborado con la constitución de sus nociones generales y métodos de investigación.
         Los desarrollos en la investigación traductológica, impulsados por estudiosos del Reino Unido, Bélgica, Israel o Canadá, no fueron aíslados en la medida que las concepciones posestructuralistas ya se sentían expresamente en los desarrollos de otras disciplinas de las ciencias sociales y las humanidades.  Todo lo contrario, se podría afirmar que la propia corriente de los Translation Studies continuó desarrollándose más allá de los estudios de recepción literaria por su contacto clave con los Estudios Culturales, que finalmente dio paso al giro cultural o al giro del poder al que se refieren autores como Snell-Hornby, Bassnett, Tymockzo o Gentzler (el número de reconocidos autores que se ocupa de este tema evidencia que el culturalismo tuvo y mantiene una fuerte influencia en las investigaciones traductológicas). Ahora simplemente no se puede concebir la Traductología sin los enfoques que contribuyeron con sus conceptos primarios al desarrollo de la disciplina y, si bien las prácticas interdisciplinarias no han cesado, existen nuevas propuestas que buscan extraer al máximo los beneficios de la multiplicidad de perspectivas para abordar nuevos productos o elementos culturales a la Traductología.     
         Sabemos que estudiar temas de género, poscolonialismo, literacidad, cine, queer y otros no es un hecho reciente para los investigadores en traducción. El aspecto cultural complejo de la traducción –que resulta del hecho de que ésta implique, por lo menos, dos lenguas, dos culturas, dos literaturas– pone en evidencia configuraciones culturales significativas, pero solapadas, para todos nosotros, sujetos. Una de las nuevas propuestas que promueve la continuación de los giros culturales o de poder en la Traductología es la paratraducción. Tras lo dicho, sobra mencionar su carácter interdisciplinar; no obstante, es necesario resaltar qué es la paratraducción. Emerge como una propuesta innovadora de los estudios traductológicos por parte de un grupo de cuatro investigadores de la Universidad de Vigo en 2005.[2] La propuesta ha madurado en estos casi siete años (ahora cuenta con más de treinta investigadores, entre principales y auxiliares) y ha llegado a institucionalizarse en una máster y la posibilidad para los estudiantes de acceder al grado de doctor mediante investigaciones en paratraducción.
         Replicar éste esfuerzo no es sencillo; no obstante, es necesario asumir dicho acercamiento fecundo desde nuestros espacios de enunciación y cooperar con el enriquecimiento de nuestra disciplina mediante nuevas investigaciones. El fin último no necesariamente debe ser la sistematización total de una disciplina que tiene más de humanidad que de ciencia, más sí la generación de conocimiento mediante metodologías rigurosas y la creación de nuevos espacios para la traducción, que deseamos denominar, traductopías. Plantear traductopías y realizarlas depende del planteamiento de hipótesis respecto a productos relevantes para la traducción (a pesar de que buscamos ser holísticos) y de las conclusiones que evidencien procesos culturales significativos para la sociedad. Nuevamente, las traductopías deben construirse desde una perspectiva disciplinar ecléctica y siempre rigurosa, ya sea cualitativa o cuantitativa. 
Terminamos esta breve introducción, citando ésta vez al pionero de los Translation Studies: «Let the meta-discussion begin!» (James S Holmes). 

[1] A pesar de que apoyamos la propuesta de James Holmes (1972), es necesario aclarar que la recepción de su aporte seminal respecto a la disciplina traductora no ha tenido una difusión suficiente en América Latina, encontrándose la reflexión teórica del Sur informada en gran medida por estudios de corte lingüístico y textual que se mantienen reticentes a elementos como la historia (conocimiento y poder), la cultura (industrias y productos culturales) y las personas – no concebidos como sólo individuos, sino como actores sociales (sujetos)–.


[2] Para mayor información acerca del Grupo T&P, visite: http://www.paratraducción.com. En esta página encontrará no sólo información relacionada con el grupo, sino también los productos multimedia que los investigadores llevan elaborando para compartir sus investigaciones. 

Paratraducción y traductopías (extraido del dossier del Primer Taller de Inducción a la Paratraducción). Estudios de Traducción y Cine

 

Desde nuestra concepción de la Traductología, los denominados Translation Studies constituyen una corriente de estudios teóricos-descriptivos cuyas principales disciplinas de información han sido las humanidades y las ciencias sociales, articuladas en torno a la cuestión fundamental de la traducción: el transvase lingüístico.[1]Mediante los Translation Studies (y aquí nos referimos a las diferentes posturas teóricas que iniciaron la corriente), las posibilidades de investigación relacionada con textos traducidos se diversificaron. Así, las décadas del ochenta, noventa y la del inicio del nuevo siglo fueron propicias para la creación de nuevas categorías de análisis que dejaban atrás el problemático y agotado concepto de la equivalencia. Por otro lado, los textos meta asumían mayor relevancia en la medida que sus diferencias con los textos fuente dejaban de calificarse como incorrecciones y comenzaban a constituir pruebas de que todo acto de traducción implica manipulación –sentencia de Theo Hermans que podríamos asumir como el primer universal de nuestra actividad profesional y académica–.

         Creemos que los desarrollos traductológicos a partir de las humanidades y las ciencias sociales se iniciaron con el fin de descubrir los procesos de creación o producción de elementos culturales, así como estudiar su valoración relacionada al impacto en los nuevos espacios receptores (por ello, el desplazamiento del enfoque desde los textos originales hacia el otro polo de la traducción); entonces se dejó de pensar que los textos eran elementos autosuficientes para su propia comprensión o para la explicación de los cambios que surgían a través de la traduccióny y que siempre habían desbordado las consideraciones eminentemente lingüísticas. La interdisciplinariedad de la traducción comenzó a hacerse tangente a partir de la década del 1970. La necesidad de comenzar a sentar bases para el surgimiento último de la Traductología predominó sobre el temor de que ésta sea absorbida por una disciplina que se encontraba mejor posicionada respecto a los estándares científicos. No obstante, la (re)afirmación de su carácter interdisciplinar hizo posible que la Traductología existiera de manera independiente y que se afirmara que la traducción no era sólo lingüística, sino que también era lingüística, así como era cada una de las otras disciplinas que habían colaborado con la constitución de sus nociones generales y métodos de investigación.

         Los desarrollos en la investigación traductológica, impulsados por estudiosos del Reino Unido, Bélgica, Israel o Canadá, no fueron aíslados en la medida que las concepciones posestructuralistas ya se sentían expresamente en los desarrollos de otras disciplinas de las ciencias sociales y las humanidades.  Todo lo contrario, se podría afirmar que la propia corriente de los Translation Studies continuó desarrollándose más allá de los estudios de recepción literaria por su contacto clave con los Estudios Culturales, que finalmente dio paso al giro cultural o al giro del poder al que se refieren autores como Snell-Hornby, Bassnett, Tymockzo o Gentzler (el número de reconocidos autores que se ocupa de este tema evidencia que el culturalismo tuvo y mantiene una fuerte influencia en las investigaciones traductológicas). Ahora simplemente no se puede concebir la Traductología sin los enfoques que contribuyeron con sus conceptos primarios al desarrollo de la disciplina y, si bien las prácticas interdisciplinarias no han cesado, existen nuevas propuestas que buscan extraer al máximo los beneficios de la multiplicidad de perspectivas para abordar nuevos productos o elementos culturales a la Traductología.    

         Sabemos que estudiar temas de género, poscolonialismo, literacidad, cine, queer y otros no es un hecho reciente para los investigadores en traducción. El aspecto cultural complejo de la traducción –que resulta del hecho de que ésta implique, por lo menos, dos lenguas, dos culturas, dos literaturas– pone en evidencia configuraciones culturales significativas, pero solapadas, para todos nosotros, sujetos. Una de las nuevas propuestas que promueve la continuación de los giros culturales o de poder en la Traductología es la paratraducción. Tras lo dicho, sobra mencionar su carácter interdisciplinar; no obstante, es necesario resaltar qué es la paratraducción. Emerge como una propuesta innovadora de los estudios traductológicos por parte de un grupo de cuatro investigadores de la Universidad de Vigo en 2005.[2] La propuesta ha madurado en estos casi siete años (ahora cuenta con más de treinta investigadores, entre principales y auxiliares) y ha llegado a institucionalizarse en una máster y la posibilidad para los estudiantes de acceder al grado de doctor mediante investigaciones en paratraducción.

         Replicar éste esfuerzo no es sencillo; no obstante, es necesario asumir dicho acercamiento fecundo desde nuestros espacios de enunciación y cooperar con el enriquecimiento de nuestra disciplina mediante nuevas investigaciones. El fin último no necesariamente debe ser la sistematización total de una disciplina que tiene más de humanidad que de ciencia, más sí la generación de conocimiento mediante metodologías rigurosas y la creación de nuevos espacios para la traducción, que deseamos denominar, traductopías. Plantear traductopías y realizarlas depende del planteamiento de hipótesis respecto a productos relevantes para la traducción (a pesar de que buscamos ser holísticos) y de las conclusiones que evidencien procesos culturales significativos para la sociedad. Nuevamente, las traductopías deben construirse desde una perspectiva disciplinar ecléctica y siempre rigurosa, ya sea cualitativa o cuantitativa.

Terminamos esta breve introducción, citando ésta vez al pionero de los Translation Studies: «Let the meta-discussion begin!» (James S Holmes).



[1] A pesar de que apoyamos la propuesta de James Holmes (1972), es necesario aclarar que la recepción de su aporte seminal respecto a la disciplina traductora no ha tenido una difusión suficiente en América Latina, encontrándose la reflexión teórica del Sur informada en gran medida por estudios de corte lingüístico y textual que se mantienen reticentes a elementos como la historia (conocimiento y poder), la cultura (industrias y productos culturales) y las personas – no concebidos como sólo individuos, sino como actores sociales (sujetos)–.

[2] Para mayor información acerca del Grupo T&P, visite: http://www.paratraducción.com. En esta página encontrará no sólo información relacionada con el grupo, sino también los productos multimedia que los investigadores llevan elaborando para compartir sus investigaciones. 

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Anonymous asked: hola Ivan, soy Ursula, ya sabes, la amiga de Erika Jess, que tendrás como estudiante de teotra próximo ciclo. Disculpa mi enorme ignorancia o incapacidad de deducción, pero yo me quedo con la incógnita del porqué del nombre de tu tumbler. blanco = white, blanco = target (supongo que target)?? Thanks for letting me know.

Úrsula, cómo estás? Espero que hayas recibido este nuevo año con mucha buena energía. El nombre tiene una larga historia, pero no es una experiencia propia, sino que se origina en Brasil en la década de 1920 cuando Oswald de Andrade hace público su manifiesto “antropofágico” mediante el que plantea que Brasil dejaría de adoptar patrones europeos a menos que estos le fuesen provechosos y se procesaran para hacerlos propios. De ahí la idea de lo canibal. Este manifiesto se volvió a utilizar en el ámbito de la traductología, denominándose a ésta corriente como “antropofágica”, para explicar que la traducción es una práctica por la que una obra se trans-forma, se trans-crea… Haroldo do Campos fue el traductor defensor de esta propuesta de traducción y también su agente práctico dado que tradujo de manera coherente con sus posturas teóricas. Así, recreó el poemario de Octavio Paz, ‘Blanco’, en portugués y lo tituló ‘Transblanco’ (una traducción no basada en textos, sino en una relación de admiración entre autor y traductor). Me gusta leer a Paz, especialmente dos obras: ‘Traducción: Literatura y Literalidad’ y ‘El laberinto de la soledad’. Por otro lado, la propuesta de de Andrade utilizada en la traducción es para mí una de las más liberadoras de la traductología (junto con las poéticas de J. L. Borges, J. Derrida). De todo esto, el nombre de este blog. :) Pensé que te vería en el ciclo vacacional, pero ya nos veremos en marzo entonces. :)

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La manera en que las producciones de Disney se comercializan y promocionan no puede calificarse como nada menos que agresiva. Personalmente, deseé ver esta película por dos razones: (1) porque adoro a los Muppets y (2) porque me pareció interesante que René ahora reivindicara su nombre Kermit haciendo así posible asentir ante la tan conocida consigna: «Los nombres propios no se traducen». Bueno, en la película René se llama (y lo llaman) Kermit y así debe suceder también en Brasil o Portugal donde quedaron atrás nombres como Caco o Sapo respectivamente.

Estos acontecimientos no son poco comunes, en absoluto; para comprobarlo sólo debemos revisar un par de capítulos de La traducción de nombres propios (Moya 2000). No obstante, a pesar de la agresividad con la que irrumpe Disney con sus grandes lanzamientos, existen espacios lingüísticos, llamémoslos «sistemas», en los que un vídeo como el que presentamos arriba no podría siquiera concebirse. En España, Gustavo sigue siendo Gustavo.

Volviendo al corto publicitario, es interesante cómo Kermit simplemente se limpia de culpas y deja todo en las manos de los mexicanos (que vendrían a representar a todos los latinoamericanos) para explicar que él nunca fue René. No obstante, aparece Miss Piggy e imputa a Kermit haber pásadosela linda en México (es decir, toda Latinoamérica) y haber utilizado un nombre falso para no ser descubierto. Hemos vivido espectadores, entonces, de una mentira.

Jamás una traducción será inocente. Existen discursos subyacentes que regulan su funcionamiento (métodos, técnicas, estrategias). Los nombres propios sí pueden traducirse, pero todo depende. Depende de elementos comerciales y económicos como fue el caso en esta oportunidad. Sólo imaginen cuánto dinero se ahorra al no tener que localizar todos los productos de la película en los que aparezca René, perdón, Kermit. Lo mismo sucedió cuando WB compró los derechos de Harry Potter y los dos mejores traductores al español de toda la saga (Adolfo Muñoz y Nieves Martín) aceptaron ser liquidados antes que renunciar a los derechos por creación intelectual que les correspondían (¿A quién cree que debemos palabras como ‘pensadero’, ‘mortífago’, ‘traslador’). No fue así en Francia, pero ésa ya es otra historia que se relaciona con cuánto respeto se tiene frente a sistemas que también cuentan con poder.

Si se comprende la traducción como un mecanismo de los polisistemas, todo tipo de fenómeno traductológico resulta más interesante.